Es posible que la soledad sea el detonante del proceso que vive Roquentin. Está desquiciado de la realidad, percibiendo la existencia cruda atravesando el lenguaje que le da forma y sentido. Los conceptos y las palabras ya no le dan al mundo estructura y coherencia para percibir el orden de las cosas. La mediación, el puente que el lenguaje crea entre las cosas como son y las cosas como las percibimos, está colapsando.

Quienes viven en sociedad han aprendido a verse a sí mismos en espejos, tal como los ven sus amigos. Yo no tengo amigos. ¿Es por eso que mi carne es tan desnuda? Podría decirse, sí, podría decirse, como la naturaleza sin la humanidad.

El paso del tiempo y nuestra percepción de cómo un momento fluye de otro, de su condición irreversible, de cómo los instantes mueren para que nuevos puedan surgir, alteran el significado de los días y su transcurrir. Roquentin descubre narrativas, historias que nos contamos a nosotros mismos para darle sentido a nuestra experiencia de vida. Y es en esa narración, en ese acto de recordar lo vivido, en el que se encuentran lo inteligible y la emoción de lo que sucede. Por eso dice que la aventura no es lo que se vive sino lo que se cuenta. El valor, el brillo de cada instante surge del mismo acto de recordar y narrar.

Roquentin es un espectador, un observador de la vida y de los otros, que busca vaciarse, perderse en lo externo para no pensar, para liberarse de la conciencia de la existencia. En los otros, al dedicarles su atención y pensamientos, encuentra consuelo momentáneo de la existencia pulsante que está en todo y en todas partes.


… para que el suceso más trivial se convierta en aventura, es necesario y suficiente contarlo. Esto es lo que engaña a la gente; el hombre es siempre un narrador de historias; vive rodeado de sus historias y de las ajenas, ve a través de ellas todo lo que le sucede, y trata de vivir su vida como si la contara. Pero hay que escoger: o vivir o contar. Cuando uno vive, no sucede nada

¿Por qué le molesta tanto la conciencia a Roquentin? Parece que en ella se enfrenta a la arbitrariedad, a la contingencia, a la impenetrabilidad y dureza de la realidad. Al hecho de que la existencia es lo que es, independiente de nuestros deseos. No hay plan, no hay propósito, nuestra realización y felicidad no están contempladas en el hecho crudo de la existencia, que simplemente es, brutal y ciega, ajena a las pretensiones humanas. Buscamos distracciones y nos perdemos en ellas para no enfrentar este hecho pero, ¿por qué ese descubrimiento le produce náusea? Porque revela el juego, las mentiras, el absurdo y la creación de sentido para poder vivir. Las narrativas y los discursos son un artificio, nada es necesario, todo es contingente, cualquier cosa podría no haber sido y no importaría. La náusea es la reacción frente al hecho de la existencia, es el descubrimiento de la nada subyacente.

Para calmar el vértigo, Roquentin parece necesitar un sentido externo, una justificación y un propósito superior que nos sea otorgado. Una ley objetiva, un fin absoluto que determine nuestras vidas y nos diga qué hacer con ellas. Roquentin se resiste el sentido fabricado, a aquel que elegimos contarnos frente a la indiferencia del universo.